Potorreros Viajeros: Londres


Estos días me encuentro haciendo un tour por Europa central, así que no hay mejor manera que hacer tiempo con una entrada viajera de ‘remember‘. Viajar es una de mis aficiones predilectas (aunque luego no viajo todo lo que quisiera), y en los últimos años estoy que lo grabo todo. Al final es el recuerdo que más perdura, incluso más que en la memoria. Todo comenzó, como ya os dije, en Oporto. Y nuestra siguiente visita internacional fue Londres, hace ya tres años, uno de mis programas que tengo en la categoría de ‘cinco estrellas-lujo’.

En realidad ya había estado en la ciudad cosmopolita por excelencia de Europa en anteriores ocasiones (para muestras, botón 1 y botón 2). Pero nunca con mi amigo ‘Potorro’, otro de los protagonistas principales de esta saga viajera. Y la verdad es que lo pasamos bien. A la vista está. Vi cosas que no había visto antes, como el Museo Británico (que tiene más reliquias foráneas que propias) o el meridiano de Greenwich (visto desde rejas, señal de que nuestros viajes se caracterizan por un estupendo ‘low cost’).

Disfrutamos de un ‘guest starring‘ de lujo, Alicia, que viajaba por primera vez allende de nuestras fronteras. Su ingenuidad y (poniéndonos pastelosos) su dulzura sirvió de contraste para la también comicidad de los otros invitados especiales. Con ellos cruzamos la enorme ciudad de metro a metro (¡si casi nos pasamos la mitad del tiempo en los túneles subterráneos!), Potorro se vio estafado por la ‘Margaret Thatcher’ maldisfrazada de la Reina Victoria, disfrutamos del arroz a las ‘dos delicias’ en los buffets más mugrientos de Chinatown y Alicia se confundió y quiso llegar a Hogwarts por el andén nueve y un cuarto.

Vivimos tantas y tantas cosas, se dieron tantos y tantos momentos divertidos que no pude más que dividir el viaje en dos partes. Apartado especial el que se llevó nuestra visita nocturna a Picadilly Circus, infestado de frikis locales. Y Potorro estaba ya delirando tanto al final del viaje que confundía canciones que aún hoy canturreamos (a veces recreamos hits entre nosotros de viajes pasados). Esto es lo que nos queda, un delicioso metraje sin desperdicio que se ha convertido en el mejor souvenir que nos podíamos llevar.

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