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La caótica similitud de las redes sociales

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Hace cosa de dos meses Twitter, el servicio de microblogging por excelencia, comenzó a implantar su nuevo diseño de perfiles. ¿La intención? Mejorar el servicio y hacerlo más vistoso, más práctico. Lo más llamativo no es si lo ha conseguido, sino su similitud (o copia) con respecto a Facebook que, a su vez, ya le había copiado la cadena de hashtags, también compartido por Instagram, del que ahora Twitter ha cogido prestado sus filtros fotográficos. Las redes sociales han entrado en un círculo vicioso del que somos víctimas.

¿Por qué víctimas? Parece que estoy hablando de un delito (la cuestión del plagio que lo solucionen las compañías entre ellas). Simplemente no me siento cómodo con esta absorción desmesurada de inventivas de una red hacia otra. Cada una de ellas me gusta por su personalidad, las cuales se han hecho célebres por cómo son y por cómo administraban ese servicio.

Por ejemplo, de Twitter destacamos la idea de las etiquetas o hashtags con las que representar un tema y darle mayor difusión. Es como una herramienta fácil de búsqueda. Pues tras alcanzar la fama su uso, la red de Mark Zuckerberg se lo apropió hace cosa de un año. Algún que otro estudio ya ha indicado que ha sido un mojón porque su finalidad es distinta a la del microblogging y entorpece la lectura. Facebook es un entorno de amistades, no tanto de búsqueda de información.

En cambio, los hashtags en Instagram sí que tienen mayor utilidad puesto que clasifican las fotografías (y ahora también microvideos tal y como Vine tenía incorporados), creándose de esta forma como un buen banco de datos. El pecado de esta plataforma ha sido la inspiración de sus filtros, aunque la mejora de la versión de Twitter es su visualización previa sobre foto en cuestión.

 

Twitter permite añadir un filtro a las imágenes del usuario.

 
Las apropiaciones de Twitter no se quedan ahí. Su última versión se ha adueñado del modelo de tableros y cajas de Pinterest para los tuits y fichas del perfil. Y lo peor de todo, su cabecera, precisamente aquello que más hemos odiado de las actualizaciones de Facebook. ¡El formato de portada! ¡A su vez tomado de Google +!

Esta homogeneización de las redes sociales es todo un símil de las grandes cadenas: Springfield, Pull & Bear, McDonald’s, Burguer King, La Sureña, La Risueña… unas se copian de otras. El culpable podría ser el mercado competitivo. Las empresas se adueñan de fórmulas ajenas que han resultado exitosas. Sin embargo, esta constante recurrencia, ¿adónde puede conducirnos? Parece que todas acabarán siendo iguales y, en el caso de las redes sociales, de qué serviría tener varias cuentas si al final todas se parecen y tendrán las mismas funciones. La originalidad es el auténtico atractivo, no la copia.

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