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Cómo sacar tajada a la nostalgia sin morir en el intento

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Llegan las navidades. Regalos, compras, langostinos, patinaje sobre hielo o Raphael son sinónimos de estas fiestas tan señaladas, las más jugosas para El Corte Inglés, pero también muy dadas a vivirlas intensamente. Aunque esto último sea también el caso incluso de personas que se nieguen a celebrarla. ¿Por qué? Por la nostalgia, otra de las breves acepciones de esta época tan alegre y a la vez tan triste.

Durante estas semanas se da más rienda suelta a los recuerdos que en cualquier otro momento del año. En ellas se concentran muchas y grandes vivencias ya pasadas que raro es que no deseemos volver a vivirlas. Pero, ¿es bueno ser tan nostálgico? Es la pregunta que se hace en todos los artículos que he leído, tratando de buscar información al respecto.

Los expertos coinciden en que la nostalgia es útil para reafirmar quiénes somos y de dónde venimos, que es un bálsamo en un presente confuso o que aumenta la autoestima. No obstante, también conlleva muchos aspectos negativos. Hay personas que se aferran tanto en la idea de que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’ que no luchan por superar ese nivel en su presente y su futuro, tiempos que se afronta con temor.

Hay puntos de tales artículos que me han llamado la atención. Xavier Guix escribe desde su artículo en El País que “ni aquellos días fueron tan increíbles, ni los de ahora son tan grises”. Y eso es cierto. Si lo pensamos fríamente, muchos de esos anhelos de cuando éramos niños o de nuestros más intensos amores sufrieron en su momento episodios oscuros: algún trauma infantil o la ruptura de esa relación sentimental. Sólo nos interesa seleccionar un ‘greatest hits’ de recuerdos, desechando los mayores fiascos cuando en realidad es un todo conjunto que posiblemente no terminara bien.

Esa pareja que hoy está comiéndose a besos pero que en la próxima Navidad sea solo un bonito recuerdo… (si no se chamuscan antes con esas luces).

Es más, puede ser también que esos mismos recuerdos los disfracemos, es decir, no hayan sido tan bonitos como lo recordamos. A este respecto, La Vanguardia recoge las palabras de Manuel Fernández Blanco, psicólogo que hace referencia a que “esta nos hace recordar un pasado idealizado. Hay tan pocos momentos de felicidad en la vida que casi podemos recordarlos todos. Y por eso los idealizamos”. Qué golpe, ¿no?

Me he encontrado con mucha gente que reniega de las Navidades, exactamente, porque les hace viajar a sus esplendorosos momentos familiares y recordar a personas que ya no están entre ellos. Milongas. Insistimos, siempre se pueden superar si nosotros queremos formando un nuevo círculo con hermanos, primos, amigos, vecinos, el perro… Nuevas personas que hoy sí están y que mañana quizás no. Es la ley de vida que tenemos que aceptar y reconstruir continuamente.

La nostalgia también es una moda. Ahí tenemos los pantalones de campana, las fiestas pachangueras de Inolvidable FM o las series de época que tanto triunfan en televisión. No es que nadie recuerde su época, por ejemplo, en la España de Felipe IV cuando disfruta de un episodio de Águila Roja (TVE, 2009 – ). Pero gozamos sabiendo lo gloriosa que fue nuestra cultura.

En definitiva, deberíamos recoger el consejo que nos hace la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile, que también vale para un roto como para un chaval de 30 años: “Si siente nostalgia de navidades pasadas, trate de vivir esa misma experiencia con los hijos o con otros familiares. Es una forma de trascender y enseñar una linda costumbre de una generación a otra”. Con esto y un bizcocho, ¡feliz navidad, señores!

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