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El Confital, virgen y antiquísima como ella sola

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Parece mentira que durante tantos años me haya recorrido Las Palmas de Gran Canaria en bicicleta, y nunca se me haya ocurrido darme un salto a El Confital. Siempre había tenido una imagen desastrosa porque históricamente se ha envuelto en diversas polémicas: la cesión privada como dominio público, las quejas de los vecinos por su zona naturista, las denuncias ecologistas por las obras de remodelación… Quizás ello me hiciera perder interés en visitarlo. O puede que la pereza. Pero hace unas semanas dio la casualidad de que surgió y esto fue lo que vi:

El Confital es como se le llama a una de las zonas de la minúscula península de Gran Canaria, perteneciente a su capital. Tiene dos accesos: un tramo reformado para los viandantes y una carretera con socavones como para hacer perder el equilibrio a los coches. ¡Nunca antes había visto a un vehículo jugar a la pata coja! Lo primero que se nos aparece es esta construcción que habrá quienes, como el señorito que aquí la vislumbra, consideran que son restos arqueológicos. Por supuesto, el homo erectus inventa el fuego e inmediatamente después el hormigón armado. Investigando un poco, es probable que se trate de un principio abandonado para llevar a cabo el proyecto de balneario y/o cafetería.

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Durante mucho tiempo, este pareje natural costero estuvo invadido por chabolas. Finalmente quienes vivían en ellas fueron realojados y se limpió todo el solar. Aunque no sé si os daréis cuenta de que al fondo de este sendero, muy al fondo, queda en pie una vivienda aislada… que a saber. En cualquier caso, El Confital no es sólo ese espacio de playa tan característico. Es más grande de lo que imaginaba, lo que es aprovechado para salir a correr, pasear en bici o simplemente darse un garbeo.

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La Montaña de El Confital, sobre el que se haya el barrio de Las Coloradas, forma parte de un campo volcánico y en el que vemos flora autóctona como la aulaga o la tabaiba. La mayor gracia es ese cartelito que ya les digo a ustedes que pone “zonas recién plantadas”. Ha cogido mucho sol y por no ponerse crema ha perdido color, por lo que he de imaginar que la desértica zona acordonada responderá a que las plantas han nacido, crecido y muerto, como todo en esta vida, o bien que alguien se las haya robado para hacer bonito en la ventana de su cocina.

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Su topónimo hace referencia al confite, aspecto que muestran sus pequeñas masas de roca producidas por las algas calcáreas. Y así lo comprobamos en esta foto tomada, en la que además aparece al fondo la montaña de Guía, curiosamente el municipio noroeste de la isla que está situado al extremo opuesto de donde nos encontramos.

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No vamos más allá porque este rumbriento portal, que si queremos de una patada lo echamos abajo, nos impide llegar más lejos. Lo que hay al otro lado son instalaciones militares. Así que de esta manera llegamos al final, el de este paraíso con el nombre de El Confital. Aún más poético es esta imagen idílica, en la que una pareja emula a Winslet y DiCaprio en Titanic (James Cameron, 1997). Sólo esperamos que ese barco de Naviera Armas con rumbo a la isla vecina de aw-elconfital.05
Damos la vuelta para ver la playa de El Confital más de cerca (y porque mejor salida no hay, realmente). Dos kilómetros de zona en la que no me negarán que esta explanada de roca erosionada por el ir y venir del mar durante siglos no es espectacular. De fondo, la vertiente oeste de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

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Otro detalle de la ingeniería de la naturaleza, las charcas que se forman con la bajamar y las maravillosas construcciones rocosas que quedan al descubierto. Desde luego que para darse un buen chapuzón a estas horas hay que caminar muy para adelante. Hay que tener siempre cuidado de no resbalarse, de ahí la permamente bandera amarilla ante el peligro que conlleva. De todas formas, durante los tres meses de verano se ve acompañada de la bandera azul que la Unión Europea le ha concedido como una de las mejores playas.

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Uno de los puntos más calientes de la zona es este. Y no porque se organicen eventos tipo ‘cruising’. Más bien porque grupos ecologistas denunciaron la vialización de esta playa. A mí no me parece mal como ha quedado. Es una mejora urbana para que el ciudadano pueda disfrutar mejor de ella. Bueno, el ciudadano y este perro que viene por acá. Otra cosa es la implantación, como dijimos, de ese balneario y/o cafetería que restarían espacio virgen. Con un chiringuito basta.

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Salimos ya de El Confital por esa carretera que tiene más de montaña rusa, contemplando desde lo alto la bahía que se extiende en 13 kilómetros pero que en este punto encontramos en todo su apogeo.

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Abandonamos definitivamente El Confital, no sin antes echar la vista atrás hacia la zona más popular, su playa, donde los vecinos de La Isleta campan a sus anchas, los ingenuos jóvenes organizan botellones y las familias desquiciadas barbacoas, donde los nudistas dejan colgando sus campanas al viento y la constructora no sabe cómo liarla parda con el cemento.

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