El delito de ser Leticia Sabater

 

No nos engañemos. El buen gusto está pasado de moda. La nueva sensación ‘youtubiana’ se llama Leticia Sabater. Bueno, la chica muy nueva no es. Desde hace veinte años que viene dando la lata, desde aquel “a mediodía, ¡alegría!” a esta otra alegría que se da para el cuerpo. No es más que otro de sus intentos por alejarse de aquella imagen de presentadora infantil. Y desde luego que lo ha conseguido. Para mal, me parece…

Una de las facetas de Leticia Sabater, aparte de vislumbrar el horizonte con la mirada extraviada, es el cante. También musicalmente hablando. Hace una semana nos deslumbraba con este nuevo aporte a la colección de ‘Mejor Olvidar’ (de la que se incluyen el Toa, toa toa o Veneno pa’ tu piel). A pesar de la fuerte carencia de valor artístico, la muestra está en boca de todos.

¿Por qué? La explicación se encuentra en cada nota, en cada fotograma, del que se extrae la esencia del vulgarismo, la ordinariez, el ‘quiero y puedo pero me sale horriblemente espantoso’. La coreografía debe obedecer a una tarde grabando a los niños en una guardería, a ver cómo se mueven para imitarlos (aquellos que han aguantado de pie sin echar espuma por la boca, claro). Todo ello, acompañado con una escenografía dramática, protagonizado por unos policías playeros que se llevan detenida a Leticia. Total, si la van a detener igual tras este atentado por lo menos que estén de buen ver.

Los modelitos, seguramente prestados de Confecciones El 99, no aguantan la presión cárnica de la artista, y en una de estas un seno se deja balancear en picado. El editor se congracia con el público y lo pixela. Pero no corre tanta suerte el resto de los cuatro minutos que dura esta tragedia audiovisual.

El compositor también tiene su cuota importante de culpabilidad. La canción tiene letra por tener algo, aunque desde luego no es un tributo a la Generación del 98. Sabater nos habla de su prototipo masculino para después contarnos en confidencia que hay alguien con quien tontea. Buscando relación con el ‘estribillo’ (“Señor Policeman, odio el control del alcoholemia”, en un perfecto inglés), imaginamos que la ‘anaconda’ corresponde a uno de estos agentes, y que el “sexy money” es una invitación a soborno con su ‘body’. De darse el caso en la vida real, a Leticia nadie la salva de la cadena perpetua.

Una idea en “El delito de ser Leticia Sabater

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>