Del calor y mis plantas


Un bonsai y un fresero al calor madrileño…

No sabía qué escribir hoy. Últimamente estoy así de escasito en cuanto a inspiración. Y eso que hay temas sobre los que hablar: la crisis de Bankia, los recortes del PP, el Atleti campeón de UEFA, los recortes del PP, los ‘tambucazos’ de la monarquía española, los recortes del PP… Pero no. Para eso está el Telediario. Voy a hablar de algo que no encontraréis repetidos en las páginas de los periódicos y que no forma parte de las tertulias del Café Gijón: del calor y mis plantas.

Del calor sí que hablan. Es más, forma parte de los temas de actualidad. No obstante, esa ola de calor sahariano que castiga al país también da brillo a mis nuevos maceteros: un proyecto de bonsai y otro de fresero. Ahí los veis, a la luz del anochecer madrileño. Merecen un cuadro. Pero no soy pintor y la cámara del móvil aún tiene una rayita de batería.

En mi reciente viaje por Amsterdam no podía dejar de pasar por el Mercado de las Flores, tan popular por sus tulipanes, por el cual también me llevé esas otras semillas a modo de ‘souvenirs’ y llenar a mi vida de nuevas aventuras. Ya de niño me gustaba plantar papas y sembrar esa pipa que sobraba de la naranja al acabar el postre. Luego vino la adolescencia y tuve que trasladar mis preocupaciones hacia los cambios hormonales que se avecinaban.

Ya todo eso ha pasado, los pelos están en su sitio, la revolución de la pus acabó y conozco nociones de sexo. Y ahora con la crisis, lo mejor es dedicarse a plantar y sentarse a ver si el tiempo es indulgente para que haga florecer los frutos de esa labor jardinera.

Fin de esta entrada estúpida.

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