El Hierro: ideal para perderse y estar perdido

Primera observación: El Hierro no es una isla turística. Para nada. El apartamento donde estuvimos, que visto los vistos era un palacete en comparación, en verdad no dejaba de ser una casa. Bien puesta, pero sin ni siquiera recepción. Es más, allí la gente como que deja las puertas abiertas. Claro que quién se atreve a robar si todos se conocen entre sí… Y muy lejos no puedes huir, porque apenas hay conexión de guaguas, microbuses muchos de ellos suspendidos los domingos. Y pobre de ti como cojas el taxi, que te sablan lo que has robado y el doble de su importe. Quizás valga la pena pagarlo por ver cómo el chófer coge las curvas en línea recta.

 

 

A esto se suma la mala señalización de las carreteras, sin asfaltar más de las que deberían, especialmente en los máximos puntos turísticos. No es muy complicado perderse. Menos mal que la isla es triangular y acabas en el mismo sitio. Todo ello está aderezado por la casi nula promoción de estos mismos. Por ejemplo, la zona del Faro de Orchilla, donde durante siglos y siglos se ubicó el meridiano 0, está bastante descuidado. Además, por más que uno busque no encuentra horarios ni tarifas o maneras de llegar. No hablemos de los establecimientos, que cierran al mediodía y encima sus precios son altísimos. Sentencia por ser una isla muy menor.

De todas formas, a los herreños les da igual. Les gusta vivir en armonía, sin opulencias, sin prisas… Hete aquí la segunda observación, empezando por fin con lo positivo: la isla meridional está intacta de eso que llaman la especulación inmobiliaria. Ni hoteles con galaxias de estrellas ni actividades de ocio más que el buceo (encima, cerrado por el suceso volcánico). Si acaso, y ahí estuvimos nosotros, el balneario medicinal de El Pozo de La Salud. No es tan exótico como los que vemos en Lonely Planet, pero para mí fue de las mejores cosas del viaje.

 

 

También me gustó el famoso sabinal. Para acceder a el tuvimos que abrir y cerrar unas cancelas, avisándonos un cartel del riesgo que corríamos por si se escapaban las vacas. Todo muy espontáneo… ¿Cómo pueden unos árboles florecer tan alegremente con el tronco cambado? Otro prodigio de la naturaleza son los riscos de la isla, altísimos. Por eso los que mejor deben vivir son los del municipio de Frontera, en territorio llano, que encima destaca por sus vistas. No son menos los de la vertiente sur, donde está ese Parador perdido y el roque de La Bonanza.

 

 

No hay más tradición gastronómica peculiar que la quesadilla, un queque con sabor a ‘tarta de queso’ con un toque de limón de la que me traje una caja entera. Embosta pero de gusto. No llegamos a ver el ‘lagartario’, donde vive en cautividad el famoso lagarto gigante. Ahora, cabras y ovejas las hay hasta cruzando la calle. Es todo tan auténtico que encanta.

 

 

¿Isla recomendada de visitar? Mmm… Tengo mis objeciones. Para los cosmopolitas está bien pasarse una vez en su vida para ver algo distinto. Pero no crean que se sentirán cómodos por lo que están acostumbrados. El Hierro es ideal para los aventureros, para los senderistas, para los que buscan relax absoluto y no quieran saber nada de nadie. O sea, que ahí lo dejo.

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