Quiero vivir en ‘Melrose Place’ [1º temporada]

Primera Temporada” alt=”“Melrose Place”, Primera Temporada” src=”http://alberworld.es/wp-content/uploads/2010/08/mp01.jpg” width=”215″ height=”286″ align=”left” vspace=”7″ />Hace tiempo que esperaba no tener absolutamente nada que hacer para dedicarme en cuerpo y alma a ver Melrose Place (Fox, 1992-1999). En su época había visto temporadas sueltas, y sabía que no me dejaría indiferente. Algunos pensarán que está tan desfasada en la actualidad que sólo Cuatro la podía re-emitir en horario marginal, y que un remake de la serie sería un batacazo de audiencia.

Vale, todo eso ha ocurrido. Pero sigue siendo incuestionable que si es todo un icono de los años 90 es por su capacidad de enganche, mediante giros folletinescos y un conseguido reparto coral. Me tiene tan viciado en estos momentos que no dejo de soñar con vivir en Melrose Place y tener amigos tan crueles para que mi vida sea más interesante (en los veranos eso se pierde). A falta de ese objetivo, os haré saber qué se coció en esta comunidad de vecinos, temporada tras temporada.

Siete son las temporadas de esta serie estadounidense, que siguió la zaga de su exitosa contemporánea Beverly Hills 90210 (Fox, 1900-2000). Tal es así que Melrose Place partió como su spin off episódico: Kelly se había enrollado en Sensación de vivir con Jake, cuyas desventuras amorosas se trasladaron durante los tres primeros capítulos a la comunidad de vecinos donde reside éste.

Mientras que su antecesora estaba dirigida al público pre-universitario, la que nos ocupa trataba temas de la juventud pos-universitaria. No obstante, a pesar de que se pronunciaron las edades de algunos de sus protagonistas (en el guión debieron ponerse de acuerdo en darles a todos 23 años), lo cierto es que tienen apariencia de treintañeros y problemas más maduros: son, fundamentalmente, la crisis económica que les acarrea la independencia, el afán de superación y los quebraderos sentimentales. Así que cuando veía la serie en su momento me decía “uf, pero qué mayores”. Ahora los veo tan jóvenes y me dan ganas de llorar.

La serie no cae tan de lleno en los prototípicos clichés: tenemos al macho duro (Jake Hanson), a la ingenua trabajadora (Alison Parker), al guaperas luchador (Billy Campbell), a la pasota atormentada (Jo Reynolds)… Pero todos con problemas más profundos que diluyen ese encasillamiento continuo.

El inicio de Melrose Place ya estaba dando palos de ciego en las audiencias americanas. Se supone que el motor de una serie son los conflictos, y en esta comunidad vecinal todos se llevaban bien. Cuando tenían un ligero desacuerdo, malentendidos como “te ofendiste porque crees que odio a los negros y no es así”, se dedica un episodio completo para llegar a donde mismo comenzaron.

Menos mal que tuvo que llegar el mítico personaje de Amanda Woodward (interpretado por Heather Locklear) para volverlos a todos del revés y meterles cizaña de la buena. Aunque tardó bastantes episodios en despertar su egoísmo y ansias de poder. Podemos decir que la serie, tal como la conocemos, comienza en el capítulo 25: Amanda manda a la mierda a su novio Billy, éste ya no disimula sus babas por Alison, y se hace factible que Kimberly va detrás de Michael, casado con Jane.

Me costó reconocer a Michael Mancini. Sabía de él que era uno de los personajes retorcidos de la serie y, al retomarla, me encuentro con un Michael angelical que no dedica una mala palabra a nadie. Y, si lo hace, corre a disculparse. Luego cambió, por orden natural. Al personaje que se tuvieron que cargar fue al de la actriz Amy Locane. Era la única que no venía con un pasado turbio y andaba siempre de buenas. Con razón la cambiaron por Daphne Zúñiga a mitad de la temporada.

Por lo mismo creo que quitaron al personaje de Vanessa Williams, que apenas discutía tampoco con nadie. Y el de Doug Savant (el actual marido de Lynette en Mujeres Desesperadas), me da que rozó el peligroso límite de la bondad. Su papel se mantuvo por que era toda una novedad contar a través de él los entresijos de la homosexualidad. Pero no mucho. Téngase en cuenta de que son casi 20 años atrás en la Norteamérica conservadora, y como no querían arriesgarse a desarrollar su vertiente sexual, lo relegaron prácticamente a ser como el patético carabina de los demás.

Aunque la careta de entrada del capítulo piloto esté enraizada en la profundidad cultural de los 80, lo cierto es que Melrose Place rinde total pleitesía a la moda de los 90: los ordenadores compactos con disquetera, la ola engominada en el flequillo de Alison Parker, los hits musicales en ciertas escenas (casi aplaudo al escuchar el I’m too sexy de Right Said Fred, éxito de 1992), las camisas psicodélicas por dentro de los pantalones, el sonido del saxo para los momentos dramáticos y aunque no lo sean vuelve a sonar igual…

Néstor Carbonel en “Melrose Place”Otros datos de interés: la primera temporada, así como el resto por lo general, se extiende en 32 capítulos (la media americana está sobre unos 24). En el tercero de ellos aparece un actor desconocido que despuntaría en un futuro muy, muy, muy lejano. Néstor Carbonell, Richard Alpert en Perdidos (ABC, 2004-2010), interpretó a un chico de compañía; futuros actores fijos de Melrose Place ya aparecieron en esta temporada, Rob Estes (pretendiente del personaje de Josie Bisset y verdadero marido de la misma), Linden Ashby y Laura Leighton.

Si algo también caracteriza a esta serie son sus explosivos finales de temporada. En esta primera, como quien no quiere la cosa, Amanda compra tooooodo el edificio de Melrose Place (dónde quedaba la burbuja inmobiliaria), lo que se traducía en que para la próxima iba a pasar a figurar en los títulos de créditos con la etiqueta inmortal de “special guest star”, cosa que nunca me expliqué porque para mí, por más carismática que sea, no está tan por encima de cualquier actor de la serie.

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