FRIKERÍA NACIONAL. Sara Montiel

FRIKERÍA NACIONAL. Sara Montiel

Como siempre supongo, habrá quienes no estimen correcto que integre a Sara Montiel en lo que es esta sección, plagada de personajes más increíbles que Hulk. Pero eso es porque no se han sentado al calor de una hoguera o en las horas muertas de un spa a reflexionar, y hacer balance de su vida y de la trayectoria que ha tomado, más retorcida que los fideos chinos.

Será cosa de su personalidad, tan singular, atrevida y descarada. Y le ha importado tres pimientos y medio bubango lo que digan de ella. Genial, porque contenta ella al crucificar los estereotipos sociales, y contentos nosotros al disfrutar de sus espectáculos callejeros. Uno de los más recientes y populares de su carrera ‘frikiística’ se dio a la salida del juzgado, donde supuestamente (o no) se iba a casar con un pelagatos cubano. “Pero qué invento es este”: creo que salió ganando más con esa frase que con los millones que cobró por la exclusiva.

Es tan humana que hasta el vulgo interactúa con ella: “Que sí que te has ‘casao’, que lo ha dicho la tele”. Igual que el populacho concede total veracidad a lo que se cuente en pantalla, igual ha convertido a Sarita en casi una más de la familia. En una época tombolesca, en la que no se consumía más que “salsa rosa”, los directivos colaban habitualmente a la artista manchega en sus platós. Daba igual si lo que contaba era mentira, porque mentía con desparpajo. Junto a los inventos sobre su vida, los teatros ambulantes que organizaba también eran un método para mantenerse en el candelero. Lo que tiene ella es más devoción por una cámara que por el Cristo del Perdón…

Para qué ir con mantilla y sin pasar por la ‘pelu’, si de lo contrario no se posarían tantos objetivos sobre ella. Cualquier cosa sirve para mirarse antes por una cámara que por un espejo. Si no es mediante una poética religiosa aplastante, es retozando por el suelo como una loba en celo. Los cuplés que le dieron la fama no eran más que un producto congelado en la era del destape. A pesar de presentar indicios de un estado corporal en descomposición, María Antonia se dejó el peine olvidado en el camerino, encendió una cámara cuando los demás pararon para el almuerzo, y empezó a decir palabras en inglés que previamente había buscado en el diccionario:

Si alguien por entonces estas imágenes le producía una fuerte excitación, suerte que cambiamos de época. La más gloriosa para Sara Montiel fue, sin duda, la que Hollywood tuvo a bien conocerla. Se codeó con los más famosos, y con algunos tuvo ciertos escarceos: Burt Lancaster, Marlon Brando, Anthony Mann (con el que se casó). James Dean, Gary Cooper (con el que rodó bajo las sábanas al preguntarle “Do you want fight with me for my people?” y cambiarle el verbo por error), Charles Bronson, la hija de Alfred Hitchcock y, quien sabe, la cerillera de Clark Gable…

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