El mercadillo en casa

Los rastros a pie de calle siempre han dado para mucho. Su interés no radica tanto en lo que puedas encontrar a precios baratos, porque lo realmente insólito es lo que encuentres. Si quitamos a los vendedores ‘profesionales’, que cuentan con proveedores que les surtan, nos queda la gente corriente (no tan corriente, en verdad) que saca lo que les sobra en casa para sacarse unas perrillas. Es el caso que nos ocurre en esos domingos matinales de Santa Cruz de Tenerife.

 

El rastro de Santa Cruz de Tenerife

En sus escaparates se puede ver lo más insólito. He ahí la gracia. Y más cuando están montados al tipo de los top-manta, precisamente con una manta o una lona de plástico. Y, ala, a soltar todos los cachibaches toda la mañana a ver si cae algo. Gente va a pasar, sin duda, pero movidos por la expectación más mórbida.

 

Expectación mórbida

Aunque luego hay otros puestos que no se ufanan en colocar sus bolsas de Alteza sin que se noten las arrugas del pliego. Eso sí es el culmen de la cutredad. La filosofía de estos vendedores es: “si buscas algo en particular, sírvete tú mismo en esa bolsa del One Pass a ver si tienes suerte y no te encuentras con la braga sucia que se me habrá colado”.

La bolsa cutre del One Pass

Pero también hay vendedores salerosos. Con su gracia innata y verborrea meticulosa son capaces de vender hasta las uñas de sus pies. Usted los puede encontrar voceando la moshila de la Barbie, o bien cargados con un sombrero ridiculamente ‘paragüero’ para aguantar las horas de calor vivo. Tomate para este señor, por favor.

Tomate bajo el paragüas

Una visita al rastro chicharrero da para mucho más que un artículo. Bastante más. No sólo merece su propia sección (que desde ya la tiene), sino que esta meca de la frikería comercial debería entrar en un circuito de venta propio de los grandes almacenes, con sus propias azafatas impregnando a los paseantes de perfumes falsos que marean a la segunda bocanada. Para empezar, propongo un spot con Penélope Cruz caminando por la rambla, cansada de tantas ‘cortinglerías’ y ‘bershkadas’, hasta que en un momento dado se encuentra con esta maleta, que la deslumbra y le abre un increíble mundo de compras: gafas de Christian York, vinilos de Boom 7, pestillos de puertas, papelinas de arroz… El anuncio finaliza con Pe bailando el Nativo Chill Out con la gitana que lee las cartas, augurándole unas felices compras.

La maleta polifacética

Una idea en “El mercadillo en casa

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