Eurovisión: 50 años de canciones horteras y tontas

El pasado sabado el festival de Eurovisión llegó a su edición número 50. Llega así a 50 años desde que en 1955 algunas cadenas televisivas de la Europa de posguerra idearan organizar un concurso anual de la canción para pasar el rato. A lo largo de las décadas, en relación con el desarrollo de los acontecimientos políticos, se han ido sumando a los 14 países iniciales otros tantos hasta llegar hoy a 39. Pero no penséis que por llevar el prefijo “euro” esto es ya una reunión de cafetería de los países miembros de la Unión Europea. Aún me sigo preguntando qué carajo hace participando Israel con sus Alelluyas y sus transexuales dadivosos. De todas formas, con este artículo no pretendo ahora hacer un repaso histórico del festival, que para eso existen webs mejores informadas y con muchos datos.

Como indica el título, mi primera conclusión es que para que Europa se fije en un participante, éste ha de ir con una canción estúpida y una puesta en escena desatinada. Mítico se hizo Alf Poier, representante austríaco en la edición de 2003, con aquellos pasos de maníaco, las coristas sacadas de un puticlub de carretera olvidado, y otros “coros” de fondo en el que figuraban animales de cartón. Ganar, no ganó (quedó en 6ª posición, que ya de por sí asombra). Sólo faltaba eso para que en este vida disparatada nos echemos las manos a la cabeza. Pero la popularidad no se la quitó nadie. Y ese es, en verdad, el auténtico premio de un festival así. ¿De qué sirve ganar el primer galardón si después nadie te recuerda? Un trofeo gigantesco para centro de mesa en nochebuena, y la organización de la edición siguiente para el país ganador con la propaganda que ello significa. Poco más se lleva el ganador… Y si no, que se lo digan a Corinne Hermès, ganadora luxemburguesa en 1983 (por poner un ejemplo cualquiera, escogida a boleo), que ya hoy sólo los conocen en su casa a la hora de comer. Yéndonos un poco más cerca en el tiempo, la ganadora ucraniana del año pasado, (Ruslana es su nombre) ¿esa qué tenía? Una pinta de Conan y una brutal coreografía sacada del Cardenal Circus. De su actuación únicamente me acuerdo de eso, y sólo ha pasado un año. Está visto que ya una canción no vale exclusivamente para colocarse entre los primeros puestos. Hay que montar tremendo espectáculo de tres minutos para incitar a los televidentes europeos a colapsar la centralita con su nombre.

Especialmente, quisiera tratar el caso de España, que es el que nos toca más de cerca y del que tenemos más conocimiento. Su participación a lo largo de la historia sí que ha sido delirante. Yo creo que el éxito de las bobas canciones de verano ha empujado a los responsables de TVE a inscribir a verdaderos “fenómenos”. La estrategia es combinar a un compositor del estilo de Leonardo Dantés, la coreografía simplona de Las Ketchup y el vestuario de Ágata Ruiz de la Prada. Las letras sí que son sobre todo chistes malos, si no cuentos infantiles. En 1988, La Década Prodigiosa cantaba Made in Spain, tatuado en su piel. 100.000 watios de sol alumbrándome cada día; made in Spain, pasaporte especial. Ella es made in Spain, la mejor garantía. Ya me imagino hoy a los chulos de playa ligando con esta canción… Pero una de las peores canciones con las que España se ha atrevido pisar suelo extranjero ha sido la que llevó Alejandro Abad en 1994: Ella. Ella no es ella. Ella es la otra, la que me excita y quema mi ropa. La otra es la piedra y yo el volcán. Pienso que no miento al decir que este hombre salió al escenario con una gran tajada encima. Lo comprobaréis si escucháis la canción. Mientras, el tema con el que más me harto de reír es con el que participó Lucía en 1982: Ven, tengo libre de 8 a 10. Luego tengo que estudiar y pensar quién me interesa. Él ejerce de hombre serio. Tú te lo tomas a risa. Él pretende ser mi dueño. Tú me llamas y me olvidas. Pero te prefiero a tí. Oímos esto mismo en boca de una niña de 16 años y pensamos con razón que se trata de una guarrilla. Pero detengámonos en la canción con la que nuestro ingenioso país participó en el 2002, que empieza así: Estoy feliz de encontrarme hoy aquí, y no me preguntes más por qué. Mmm… En realidad, quién es tan ganso para preguntarle a Rosa de España por qué es tan feliz de encontrarse allí. Por otra parte, entendería que fuese parte de su declaración en rueda de prensa, aunque no es propia de ella ser tan antipática y soltar que no le pregunten más boberías (que debería). Y llegamos al maravilloso estribillo: Europe’s living a celebration, todos juntos vamos a cantar; Europe’s living a celebration, nuestro sueño una realidad. Queda más acorde que los niños se pongan a contonearse en la guardería con esto, que un pabellón hasta arriba de gente adulta.

Finalmente, qué decir de la canción española de este año, Brujería, interpretada por el trío Son de Sol, que venció en la preselección a Las Supremas de Móstoles. ¿Lo vísteis? Era un auténtico duelo entre divas del “frikismo” absoluto. Me extrañó que éstas tres chicas no ganasen, si Europa enfermó no hace muchos años con el Aserejé. Pero, por si aún no os habíais dado cuenta, el festival no es más que el culto a la ñoñería. Qué más da la calidad poética de las canciones y los pasos armónicos de baile, si lo importante es entretener al personal.

Yo aquella noche no me lo perdí en ningún momento…

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